En este artículo, me propongo hablar de mi experiencia con estos cuanto menos curiosos cíclidos. El género Lamprologus que etimológicamente proviene del griego, “Lampros” que significa luz y “lagus” que significa liebre, contiene cerca de 22 especies en la actualidad después de las múltiples revisiones que ha sufrido dicho género.
Las especies de este género se hallan distribuidas por el continente africano a lo largo de ríos y lagos. Sin embargo, nos centraremos en las especies denominadas “conchícolas”, y más concretamente en Lamprologus ocellatus.
Dentro de este género algunas de las especies tienen el curioso comportamiento de habitar en conchas de caracol, por eso reciben el nombre de conchícolas, ya que alrededor de la concha que ellos eligen es donde transcurrirá su vida, en ella se refugiarán y en ella se reproducirán.
El Lamprologus ocellatus es una de estas especies, habita en el Lago Tanganyca a una profundidad de entre 10 y
Macho adulto de Lamprologus ocellatus.
Al introducir los 4 ejemplares en seguida empezaron a interactuar a causa de su carácter territorial, moviendo y escarbando conchas y grava, colocándolas estratégicamente teniendo en cuenta las corrientes del acuario y la distancia de sus compañeros. Pronto se hicieron sus zonas en torno a su caracola y fueron creciendo hasta llegar a un equilibrio, un equilibrio en el que observé que el comportamiento de uno era diferente, protegía más su concha, tanto que si acercaba mi mano se ensañaba contra ella en vez de refugiarse en su concha, y no intentaba agobiar al resto. Los demás competían demasiado e intentaban anularse. Sin embargo si alguno de los tres se acercaba al de comportamiento diferente, recibía un correctivo y se alejaba de la zona. A causa de este comportamiento y por el tamaño, decidí escoger al de comportamiento diferente y al más grande de los tres restantes. Obviamente mis sospechas eran que el de tamaño inferior y comportamiento diferente era la hembra, y el más agresivo el macho dominante. El dimorfismo sexual no es nada visible, quizás el tamaño y el comportamiento sea en lo poco que podemos basarnos para vislumbrar cuales son machos y cuales hembras.
La alimentación es una de las cosas que más rara me pareció, al principio probé con larva roja congelada, pero no le hacían demasiado caso, a la artemia congelada le hacían algo más, pero por casualidad probé con gránulos para discos, y finalmente se acostumbraron a comer este tipo de comida. En la actualidad, comen incluso escama, por lo que se podría decir que no son demasiado exigentes en cuanto a la alimentación.
Con el tiempo y al ver que no se reproducían pasaron por el acuario parejas de , Neolamprologus bichardi, Neolamprologus brevis, e incluso acabé introduciendo Pomacea bridgesii, pero no había forma de reproducirlos, los Neolamprologus bichardi eran demasiado agresivos y por eso tuve que quitarlos, sin embargo durante el tiempo en que convivieron con una pareja de Neolamprologus brevis se reprodujeron por primera vez, a pesar de ello, acabé quitando también a la pareja de Neolamprologus brevis.
Una vez se encontraron solos empezaron a formar su colonia poco a poco hasta llegar al punto actual.
El cortejo reproductivo y la reproducción se da en la concha que la hembra y el macho escogen. Muchas veces la concha es la de la hembra, pero si al macho no le gusta, es posible que le haga cambiar de lugar. Una vez la hembra está en la concha pertinente, llama al macho con el típico baile, mordiéndole y dando media vuelta hacia la entrada de su concha repetidas veces. El macho queda algo desconcertado pero la persigue y es cuando ella entra en su concha, y comienza a desovar al ritmo que aletea, los huevos son de color blanco y de cerca de
Las puestas son poco numerosas quizás entre 20 y 30 huevos en las parejas ya adultas, pero eclosionan a las 72 horas, la alimentación de las crías la lleva a cabo la madre deshaciendo la comida y soltándola por las branquias, pero cuando llega el tiempo de hacer otra puesta (si todo va bien una o dos semanas posteriormente) las crías son echadas de la concha materna y pasan a cuidado del padre.
Macho cuidando del harén de alevines.
El comportamiento paterno al cuidado de las crías es también muy interesante pues ante cualquier peligro, nada rápidamente sobre todas las crías, dando una pasada fugaz y estas bajan instantáneamente al suelo y conchas.
Para ayudar al crecimiento de las crías, administré escama seca, pulverizada previamente con mis dedos. El sistema con el que orientan las conchas los padres respecto a la corriente, hace que la comida llegue a las crías, aunque de todas formas ellos se cuidan de hacerles llegar más.
Harén de crías de varios meses.
Las crías van creciendo en harenes que forman entre ellas, siempre bajo el cuidado de los padres hasta adquirir cerca de 2,5-
Artículo y fotos realizadas por: Carlos García Pérez. (CaRLoS_ZiOK)


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